domingo, 25 de marzo de 2012

Tabucchi



Ha muerto Antonio Tabucchi (1943-2012), escritor Italiano, no lo he leído aunque en mi imaginario como en el de millones de lectores su novela mas comentada se mantiene en mi cabeza con el titulo, lo que leo de ella y lo que me imagino algún día será mezclado y suplantado con las letras de la novela real de Tabucci: Sostiene Pereira (Anagrama 1994). Hace dos días escuché nombrar "mi territorio" como el lugar por donde transcurro, por donde ando, por donde vamos todos. El de Tabucci puede ser el lugar donde están sus libros, sus territorios, Italia, Portugal, España, acaso el resto del mundo a donde sus novelas llegaron antes que él.

De entre tantas reseñas que saldrán escojo esta publicada en 1999 por Lucia Magi:

Antonio Tabucchi, con la casa a cuestas

El italiano es la patria portátil del escritor, que guarda miles de libros en la vivienda de su infancia en la Toscana


Sostiene Antonio Tabucchi que lleva encima su casa, la puede esconder en el bolsillo de la americana y sacarla cuando más le complace, no necesita buscarla en un lugar preciso del mundo. Sostiene Tabucchi que su patria es portátil, sin peso alguno: es el italiano, el idioma en que piensa, sueña, escribe. Cabe imaginar entonces que el amplio escritorio de madera que domina su apartamento en el norte de la Toscana, con libros, papeles y una tacita de café humeando, sitiado por estanterías repletas hasta el techo, podría encontrarse igual de cómodo en su estudio de Lisboa o asomarse a un elegante bulevar parisino. En la campiña de Pisa, entre mar y colinas de mármol, el escritor italiano conserva la vivienda de su infancia, su "casa-madre". Sin embargo, pasa gran parte del año entre la capital portuguesa y la francesa. "Nací el 24 de septiembre de 1943. Aquella noche los americanos empezaron a bombardear Pisa para liberarla de los nazis. Mi padre, subido en una bici, nos trajo a mi madre y a mí hasta aquí, donde vivían los abuelos". Esta casa es un refugio, entonces como ahora, el lugar donde resucitar recuerdos, un sabor o un libro. Aquí guarda la mayoría de sus volúmenes. "Hay varios millares", dice entornando ojos y brazos: están en cada rincón, sólo la cocina se salva de la pacífica invasión. Estos libros, junto a las fotos de su mujer, hijos y nietos, vigilaban sus espaldas cuando escribió Sostiene Pereira (Anagrama, 1994), la historia del anciano periodista con predilección para las esquelas que le proyectó hacia la fama internacional, le valió un Premio Campiello, un Jean Monnet de la Literatura Europea e inspiró la película de Roberto Faenza con Marcello Mastroianni.

Narrador, ensayista, traductor -sobre todo del amadísimo Fernando Pessoa-, acaba de publicar Il tempo invecchia in fretta (El tiempo envejece deprisa, que Anagrama publicará en España en primavera). Cinco años después del monólogo Tristano muere, Tabucchi vuelve a investigar el límite de la vida. Los personajes, todos bastante mayores, miran hacia atrás, intentan sintonizar los recuerdos sobre algo que dé sentido a su existencia. Viven en nueve intensos cuentos, el formato literario más propio de una prosa que persigue la evanescencia del tiempo, su rebobinarse y romperse. Como ocurre en una vieja casa. Con un guiño pícaro y gentil, el escritor señala la dedicatoria de Rafael Alberti en la primera página de un libro, un retrato de Pessoa colgando de la pared, un esbozo del viñetista Tullio Pericoli, una caja de lata, regalo del hijo, un loro de madera, su fetiche. En cada cosa vigila un recuerdo, sostiene Tabucchi.

sábado, 24 de marzo de 2012

Mapa mental de una despedida

La Ciudad, xilografia, Frans Masereel (1925)

Esta semana pensando como vincular la película o la novela La virgen de los sicarios (1994) con el concepto de nación, llegué a una lectura titulada Narrar/leer/estudiar: La ciudad latinoamericana de Sarah Mujica, profesora de critica literaria de la Universidad Javeriana, donde se hace referencia al artículo del urbanista Kevin Lynch titulado The Visible shape of the shapeless metrópolis (1965), el cual enuncia que la propiedad de la ciudad es de los habitantes y no de los que teorizan sobre ella, o sea arquitectos, urbanistas, diseñadores, etc. Y donde se hace referencia al concepto del Mapa Mental que representa la imagen del espacio urbano que tienen los ciudadanos y que se forma a través de los recorridos y usos que estos hacen de y en la ciudad. Leyendo esto me ponía a pensar en la Medellín de La virgen de los sicarios, una ciudad fragmentada, por supuesto, que solo se nos muestra a través de los recorridos que de ella hace el gramático Fernando Vallejo a su regreso después de 30 años de destierro. Ese recorrido en una ciudad que apenas de despierta después de esa pesadilla que fue Pablo Escobar y que no se acabaría del todo, es un recorrido salpicado de sangre dejando claro que Colombia no tiene posibilidad de redención y que lo mejor es su destrucción, en palabras de Vallejo, por supuesto. Pero lo que me interesa no son los comentarios tremendistas del autor, que a pesar de todo dice que ataca a Colombia porque la ama, y quiere que muera para que deje de sufrir. Para mi es solo un llamado de atención a los poderes que nos gobiernan, en todos los sentidos, y una invitación a querer el territorio donde nacimos. En definitiva una muestra de amor de Vallejo.

Benedict Anderson en su celebre libro Comunidades Imaginadas (1983) nos habla del concepto de la nación a la que pertenecemos de acuerdo a la capacidad de imaginarnos inmersos en una comunidad, donde nos une la lengua, las costumbres y el sentirnos participe de idearios comunes. Entonces pienso en la comunidad a la que pertenecen aquellos sicarios de Vallejo y como dibujan su ciudad y me doy cuenta que pertenecemos a territorios diferentes, con espacios urbanos disimiles que pueden confluir en los momentos oscuros de violencia que cada ciudad posee. Como cuando la violencia confluye en Cali en el espacio urbano de los que queremos, obligándonos a despedidas y ausencias que de forma natural deberían producirse veinte o treinta años después. El escenario puede ser el mismo pero el mapa mental difiere, no es la misma ciudad donde se asesina que la misma ciudad donde se vive, las cuatro paredes donde encuentran un cuerpo muerto no pueden reproducir  y generar la misma abstracción y sentimientos que horas antes producían para la victima, aquella que dibuja su espacio personal, intimo y sagrado donde se siente protegido por los dioses y demonios que ve y conviven en su interior. La imagen que tenemos de una pila de libros leídos y recreados en estas cuatro paredes no será ya la misma una vez la muerte ha entrado y se ha ido con la certeza de la impunidad.

Creo que ya no me interesa en este escrito integrar la película con la nación, ni la ciudad con la comunidad imaginada que cada quien lleva junto con sus sueños y temores; ahora solo me interesa tratar de comprender lo difícil que se ven las despedidas cuando se está a miles de kilómetros de Cali, cuando no se puede estar allí para retener el olor de la ciudad, el movimiento de las hojas o la memoria de nuestro recorrido por las calles y aceras que nos llevan a esa ultima despedida y que nos pertenecerían por siempre de forma irrepetible y exclusiva.

¿Cómo funcionan las ciudades en la vida real? Es el titulo de una entrada del blog de Anatxu Zabalbeascoa titulado Del tirador a la ciudad, donde se hace referencia al trabajo de la activista y teórica del urbanismo Jane Jacobs y su libro Muerte y vida de las grandes ciudades (1973) ó Muerte y vida de las grandes ciudades americanas (?) que viene a ser la defensa de la ciudad no proyectada. Ella escribía sobre la población de las grandes ciudades, conformada esta por una mayor cantidad de personas desconocidas que conocidas, sobre la existencia de mas extraños que habituales, como una reunión social donde termina por aparecer la barbarie y la inseguridad real – no imaginaria – que mantiene a los ciudadanos recorriendo siempre la ciudad que les parece más segura, construyendo un mapa ya no por aventura sino por miedo y precaución. Me pregunto: ¿Y que sucede cuando no solo nuestras aceras, calles, antejardines, postes, porterías, tiendas y escaleras se vuelven inseguras, sino también el espacio donde nos recluimos cada noche para perdernos en nosotros mismos, para convivir y confrontarnos con nuestros secretos? Entonces ya no solo la ciudad de nuestros recorridos se vuelve ajena, sino también casi nuestra propia cama. La seguridad de nuestras ciudades no debería depender de la fuerza policial, sino de sus ciudadanos, conocidos o extraños entre si, como una comunidad imaginada y cohesionada.

Ha muerto alguien en Cali en su propio espacio seguro y tranquilo, por personas que no le eran del todo extrañas, pero Cali se levanta al siguiente día ignorando la violencia que lleva por dentro y que la relaciona con la Medellín de Vallejo, y pareciera que al igual que en la película o en la novela su muerte fuera una muerte mas inserta en las estadistas de un departamento gubernamental, pero aún hay personas que sienten su muerte, que maldicen hasta la ciudad que nos pertenece y que imaginan un ultimo encuentro imposible desde la misma Cali asesina o desde cualquier ciudad donde el nombre de la victima sea nombrado.

domingo, 5 de febrero de 2012

Sobre las lecturas recomendadas




Aunque todos los días recibo un correo con los titulares del periódico El País de Cali, la verdad es que poco lo leo, quizás porque el contenido que encuentro no me atrae, y desafortunadamente pretendiendo ser local en medio de este mundo hibrido y globalizado, encuentro que la información que requiero de Cali la puedo encontrar a través de los enlaces que mis amigos o los amigos de estos postean en Facebook (y eso que soy un usuario pasivo de la red, de esos que no suben contenido ni colocan frases en su estado). Entonces resumo mis fuentes informativas online a dos diarios: El Espectador (y no El Tiempo por su bonito pero inadecuado diseño virtual que pretendiera obligarme a leer…debes saber, debes hacer, debes leer...) y El País de España. Y extrañamente hoy decido no borrar el enlace de El País de Cali y leo una entrevista publicada en la Gaceta del domingo a Alejandro Zambra (quizás la Gaceta es lo único bueno del periódico), escritor chileno que visitó Cartagena en el marco del Hay Festival. Zambra, crítico literario, poeta y narrador, y a juicio de buena parte de la crítica literaria latinoamericana (si es que existe) uno de los mejores escritores de nuestra región en la actualidad. Tres novelas cortas, de esas para los que no pueden o podemos (?) perder tanto tiempo leyendo ficción, forman parte de su obra en prosa: Bonsái (2006), La vida privada de los arboles (2007) y Formas de volver a casa (2011). Para cerrar el tema de Zambra las noventa y tantas páginas de Bonsai podría ser una buena forma de iniciarse en su lectura. Mientras escribo esto suena Death Cab for Cutie con Codes and Keys, que ya había escuchado en una banda sonora de Six Feet Under con Transatlanticism, y antes lo que ya nos queda de REM con We all go back to where we belong con la única imagen de Kirsten Dunst en su video. Pero a lo que me lleva la entrevista de Zambra es su comentario sobre La mansión de Araucaima, que curiosamente releí hace apenas algunos días, tratando infructuosamente de encontrar alguna vaga relación entre el personaje de la Machiche y la Celestina. Pero releyendo a Mutis y siendo consciente que es poseedor de uno de los mejores títulos de novela: Ilona llega con la lluvia, y que su mejor obra (según la critica de nuevo) no la he leído: La ultima escala del tramp steamer, a pesar de haberla comprado un mediodía caleño de diciembre de 2002 en la plaza bolívar; pienso en las modas, y en las modas literarias, que como cualquier moda llegan y se van y regresan o no regresan nunca. ¿Quién lee a Mutis ahora?, cuando durante la década de los noventa la casi desaparecida Editorial Norma y su colección La Otra Orilla le publicaba casi una novela por año, quien lo lee ahora? Mejor no preguntarse más sobre nuestras lecturas, que el mercado editorial es quien se preocupa por ellas, por ejemplo ahora se “debe” leer a Juan Gabriel Vásquez (El ruido de las cosas al caer) por Colombia, Jonathan Franzen (Libertad) por Estados Unidos, Javier Marias (Los enamoramientos) o Michel Houellebecq (El mapa y el territorio) por Europa y Haruki Murakami (1Q84) por Asia. Alguien podría decir algo sobre Cela o García Márquez, o el Vargas Llosa que ya pasó el año pasado? ¿Y quien era Camilo Jose Cela?¿Acaso alguien se acuerda? Creo que sería más extraño e inquietante ver reseñas y recomendaciones por lecturas de textos fuera de moda, por ahora me quedaría con dos: el libro de relatos Mi Alma en China de la escritora inglesa Anna Kavan (1901-1968) y un libro de poesía como La Señal del mexicano Jaime Sabines (1926- 1999):

Yo soy, no soy, no he sido
más que un lugar vacío,
un lugar al que llegan de repente
mi cuerpo y tu delirio
y una apagada  voz que nos aprende
como un castigo.



Death Cab for Cutie - Transatlanticism

domingo, 30 de octubre de 2011

Letras...

 We all go back to where we belong  - R.E.M.

I dreamed what what you were offeringimagine lying next to meyou should, and your reputation talksI will write our story in my mindwrite about our dreams and triumphsthis might be my "innocence lost"i can taste the ocean on your skinthat is where it all begani dreamed that we were elephantsout of sight, clouds of dustand woke up thinking we were free
oh oh ohI can taste the ocean on your skinthat is where it all beganwe all go back to where we belongwe all go back to where we belongthis really what you wantthis really what you want
I can taste the ocean on your skinthat is where it all beganwe all go back to where we belongwe all go back to where we belongthis really what you wantthis really what you want

Primero el sonido...

martes, 25 de octubre de 2011

Love Lettering Project



En Niagara-on-the-Lake hay un café que se llama Balzac Coffee, allí no escribí nada aquella tarde de lluvia, pero ahora puedo pensar que si escribí algo. Aquella tarde llovió muy duro durante unos minutos, pero así como a veces sabemos o intuimos que algo por muy intenso que sea se va a terminar, así se sabia de antemano que aquella lluvia no duraría mucho. En esa tarde recibí por primera vez un café caliente en un vaso de vidrio, mientras los rayos de sol se iban mezclando de forma gradual con el olor de la tormenta que se ha ido. En la mesa donde me senté había un recorte de periódico, solo un pedazo de periódico recortado por alguien que ya no estaba. Pensé que ese artículo separado, extraído de todo el cuerpo del periódico era ya diferente, así las letras fueran las mismas, pues aquellas letras tenían o habían tenido un significado para alguien; y como si el hecho de recortar y separar fuera por naturaleza una recomendación de lectura, me fue inevitable el pasarlo por alto. El título del artículo: Delivering joy, one letter at time, cuenta que Amanda Geensen estaba caminando con su amiga de regreso a casa entre el área de Queen y Woodbine (Toronto) en junio cuando vieron a una mujer dejando un sobre en un dispensador de periódicos. Amanda pensó en lo raro que era esto y siguió de largo, pero al regresar y pasar por allí, tomó el sobre que solo tenía la palabra amor en él, lo abrió y dentro encontró un poema escrito para la playa, un poema dirigido a la playa: aquí viene la traducción de un fragmento que trataré no sea otro poema diferente al original en inglés, pero acaso una traducción no es una reescritura, una reelaboración?

Me encanta pues amplias la ciudad y ofreces ventanas al lago y conversaciones a extraños.

La mujer que dejó el sobre en el dispensador de periódicos era Lindsay Zier-Vogel de 32 años, y el poema fue uno de los casi 500 que ha dejado dispersos por toda la ciudad de Toronto durante el pasado verano y que forma parte de su proyecto Love lettering, el cual inició siete años atrás. La idea para este verano era preguntarle a la gente lo que les gustaba de la ciudad, resultando 65 poemas que escribió como su respuesta personal a dicha pregunta.

Nadie sabe quién va a recoger los poemas y nadie sabe quién podría tener problemas con ellos al encontrar uno de los sobres en el parabrisas del carro, problemas maritales quizás; y aunque me  hubiera gustado hallar uno de los sobres en el Balzac Coffee (una ubicación imposible para los sobres), por lo menos encontré el recorte de prensa y la historia.  Hace unos años me encontré en la Buitrera de Holguines, en Cali, un listado de un enamorado, un listado de las tres mujeres más bellas del mundo, la primera su novia, la segunda y la tercera: Madonna y Penélope cruz, pero la verdad es poco probable que once años después esta lista permanezca invariable, así es la vida, modificable y en algunos minúsculos momentos inmodificable también.


 Lindsay Zier-Vogel


jueves, 6 de octubre de 2011

Pijamas... esta vez no es un cuento que lo invento yo.


Babásonicos - Mucho (2008)


Cuando debería estar haciendo otras cosas, me pongo a escribir sobre una canción que encontré hace como un año atrás en la biblioteca pública… llevo escamas tuyas en mi piel, pero no es esta, aunque también podría ser. Como siempre no es un canción muy nueva, del año 2008, del grupo argentino Babasónicos que lleva más de 20 años tocando pero que la omnipresencia de Soda y Cerati han obnubilado para mí todo este tiempo. Quizás fue la mañana en que vendados los dos descubrimos como eran las cosas y sin abrir los ojos nos teletransportamos adonde desearíamos estar, es otra de sus letras pero no la mía. Siempre he pensado que lo más cercano a un sueño son los videos musicales, donde las imágenes se suceden, se sobreponen unas a otras sin a veces una secuencia lineal; y entonces veo hoy por primera vez el video de Pijamas, la segunda canción del noveno trabajo discográfico de Babasónicos editado hace tres años con el nombre de Mucho, veo una banda cantando al frente de una rebaño de ovejas y me acuerdo, sin sentido tal vez, y con perdón de Don Luis Buñuel, de su película de 1962 El Ángel Exterminador, aquella que se resistía a filmar en México pues decía no poder encontrar allí el tipo de servilletas que encontraría en Londres o París para ambientar el ambiente burgués de su historia. En esta película producida por Gustavo Alatriste, se remarca una vez más uno de los temas recurrentes en la filmografía de Buñuel, la sociedad burguesa y su decadencia, y más que la sociedad burguesa la incapacidad del hombre por comunicarse, por creerse y por reconocerse en un mismo mundo inacabado. El tema: después de una cena en la mansión de la calle Providencia, el grupo de comensales pertenecientes a la alta burguesía encuentran por una razón, inexplicable para ellos y para el espectador, que les es imposible salir de aquella casa, forzándose a convivir durante varios días y exponiendo mutuamente la hipocresía, el egoísmo y la maldad que genera dicho encierro y el deseo de supervivencia individual. Nadie es capaz de salir, nadie se comunica para hacerlo, y en medio de esta historia, Buñuel se recrea filmando secuencias que pudieran parecer errores de edición: dos entradas de los invitados a la casa, dos entradas que muestran lo mismo pero que son diferentes, dos huidas de los criados apenas se inicia la película, en fin, una serie de repeticiones que le permiten jugar como si fuera un sueño o un trance hipnótico, llenando la mansión de corderos y de un oso que deambulan por la casa sin un sentido explicable; a lo que Silvia Pinal decía: “solo Don Luis sabía el significado del oso, ningún otro de nosotros sabíamos que sentido tenía el oso en la historia subiendo las escaleras y merodeando por los cuartos”. Todo esto me llevó el video de Babásonicos nada comparable con la obra de Buñuel, pero conectado para mí como se puede conectar un poema de la Storni con la voz de una mujer que habla en la radio y lee las ultimas frases que recita la Verdú en Y tu mamá también: “la vida es como la espuma, por eso hay que darse como el mar”… Más letras de Babásonicos: desconfío que me entiendas de verdad… y la verdad es que te amo. Suenan las letras en medio de la noche, antes del amanecer, cuando todos están dormidos, menos yo que también creo estarlo; y todo esto para escribir la estrofa de Pijamas que realmente conecta con una historia diferente que apenas trato de imaginar: por mi cama pasa un rio, y en el rio un rebaño abreva el sol y un pastor inmóvil sentado a tus pies me canta, me canta.

Por única vez, te pido que entiendas que este no es un cuento que lo invento yo…  


domingo, 2 de octubre de 2011

Secreto para una noche... y un amanecer.



Alba y Natasha se encuentran en Roma, y aunque es un remake basado en la película En la Cama del chileno Matías Bize y quizás no la mejor película de Julio Medem (algunos la han calificado de cursi, impúdica y desbocada), hay cosas que nos acercan a la historia, aunque esta no sea nueva o mejor dicho, nos transporte con demasiada facilidad a historias anteriores. Alba y Natasha son las protagonistas de Habitación en Roma, o del titulo más sonoro en ingles Room in Rome, la primera película filmada en ingles del director español. Al buscar criticas de la película en internet se empiezan a leer aquellas desfavorables que invitan a pasar por alto los 109 minutos de una relación intima, sexual y secreta de estas dos mujeres que tienen destinos diferentes y vidas diferentes, pues cuando salgan de la habitación del hotel donde se han encontrado, Alba continuara su vida en España al lado de sus dos hijos y Natasha contraerá nupcias en Rusia en las próximas semanas; por lo cual este encuentro es un descubrimiento y una despedida, así como una invitación a compartir 12 horas de su vidas sin el temor de sus palabras. Para mi, más que descubrir otro fracaso del cine de autor de Medem, como dicen algunos, y mas después de la desilusión de Caótica Ana, fue escuchar por primera vez a Russian Red, la cantante indie española que integra la banda sonara de la película. La canción: Loving strangers, que podria contar lo que Alba y Natasha no se alcanzaron o fue innecesario decir, muestra la sinceridad y las pequeñas mentiras de la despedida, cuando seguramente sabiendo que no volverán a verse, deciden guardarse mutuamente en el recuerdo que trae el viento, los olores del cuarto, la noche que se ha ido con ellas, y la risa, los dientes que ambas se recuerdan y que observan a media luz cuando cierren sus ojos en sus vidas separadas.



Loving Strangers - Russian Red

jueves, 15 de septiembre de 2011

La Piel Suave


Francoise Dorleac (1942-1967)

Llevo ya más de un año escribiendo un cuento, cuando debería de ser algo de días o a lo sumo meses, este es un cuento que trata de cerrar algo que quedó abierto en la novela que terminé de escribir en Enero de 2010 y que pasa por una mujer que ya llegando a sus cuarenta años empieza a repasar los errores y no errores de su vida, que vive o ha vivido como todos nosotros, obsesionada con algo, que siente que no ha sido querida tanto como ha querido, y que al final se da cuenta, contra todos sus miedos, que debe estar sola. La historia nace de una carencia de la novela, quizás de un tecnicismo y se enfoca nuevamente en la Dorleac, en el cine y en las mentiras. Este cuento, el más largo de una serie que lleva por título El Vals, termina para mí una etapa y abre otra, una donde espero que las historias sean más precisas y quizás más sinceras. El cuento tiene un título, y es el único de El Vals que lo lleva; el cual lo tomé prestado de una película de Truffaut de 1964 donde la Dorleac hace el papel de una amante que creyó ser amada y que por voluntad propia decidió, en un dialogo de 2 minutos, despedirse de su amante para siempre. El amante terminaría asesinado por su esposa mientras cenaba solo en un restaurante atestado de personas que servirían de testigos para un juicio innecesario. El título de la película: La Piel Suave. La Peau Douce. The Soft Skin. Mi personaje, el personaje de mi cuento: Nicole, está obsesionada con la Dorleac, con La Piel Suave, con el desamor y la incomunicación de la Dorleac y con los deseos frustrados de ser actriz de cine. Ella pasa por unos errores que se niega a aceptar y al final decide engañarlo a él, a su pareja, y engañarse ella misma inventándose una infidelidad inexistente y obligándose a ser abandonada. Nicole comete así su propia forma de suicidio, una forma extraña de comenzar de nuevo en una etapa de su vida donde sus recuerdos se acumulan más que los años. Mi personaje Nicole, puede tener los ojos de la Dorleac y su forma de bailar, tiene también la imagen predestinada de su muerte, que cree será en medio de un accidente automovilístico que obviamente no sabe cuándo sucederá, y mientras todo esto llega se convence a si misma que nada ha sido un error; y piensa después de quedarse sola, que sus desilusiones, así, desilusiones en general, la han llevado a una colección de cosas difíciles de agrupar o siquiera de nombrar sin que su mente pasee entre la lujuria y la tristeza de una mujer bella que desaparece cada día más.


domingo, 14 de agosto de 2011

El libro de la portada de Catherine



El 24 de Septiembre de 2009 efectué una orden por Amazon de un libro que dejé en Colombia: Belle de Jour de Joseph Kessel. La edición que tenía en Cali la compré en una de las ferias del libro usado que hacía la extinta Librería Atenas (ahora me dicen que subsiste y cambió de nombre por Alejandría) en la plazoleta de la Gobernación, la fecha de compra fue Mayo 2003 y la anterior dueña del libro Ana Lucia Janer G., lo cual se por el sello con su nombre en las primeras páginas. Esa edición usada de tapa dura de Círculo de Lectores de color marrón traía la figura de una mujer-muñeca morada en su portada, una mujer-muñeca desarticulada cayéndose, con las letras del título de la novela sobre sus pies y el nombre del autor sobre su torso; una edición en español por supuesto. Luego ya acá en Canadá y con la necesidad de elaborar un trabajo comparativo de un libro llevado al cine, escogí este libro de Kessel impreso en 1928 por primera vez por la prestigiosa editorial francesa Gallimard y la película homónima que hizo Buñuel en 1967 con Catherine Denueve y Michel Piccoli. Fue entonces cuando saqué de la biblioteca pública la película que solo estaba disponible en VHS y la pasé al formato DVD para poder tenerla y verla sin pensar en la fecha de devolución; y entonces ese 24 de Septiembre solicité por Amazon el libro por $7.95 dólares canadienses que con los gastos de envío e impuestos se convirtieron en $14.55. Cuando llegó el libro empacado en su caja de cartón me quedé extasiado al ver su portada con el perfil de la Denueve en su papel de Severine cerca al orificio de la pared por donde espiaba las relaciones que ocurrían en otros cuartos, la Severine vouyerista de Buñuel, la Severine con su cabello suelto, sus cejas definidas y la ausencia de aretes. Se lo mostré a Nancy y ella, más práctica, notó lo más importante: el libro estaba impreso en francés, el idioma en que lo escribió Kessel, pero un idioma inentendible para mí. En ese momento extrañe la versión de la mujer-muñeca desmembrada de Círculo de Lectores en Cali; y aunque Nancy me sugirió de forma inmediata y natural devolver el libro y solicitar uno en inglés, el tema de los gastos de envío más impuestos arrojaban un balance económico desfavorable que harían inútil aquella devolución. Así que recordando mis primeras clases de economía a principios de los noventas referentes al valor de uso y de cambio, decidí quedarme con el perfil de la Denueve en su versión francesa y solicitar de nuevo a Amazon el libro en inglés, esta vez de la editorial Overlook Duckworth del año 2007 con la portada de una mujer semidesnuda, con una foto que solo dejaba ver la mitad de su cara, solo sus labios y su mentón: una mujer anónima que por lo menos a mí no me decía nada.
Leí Belle de Jour pensando en la portada de Catherine, y de igual forma tuve la oportunidad a través del familiar de una amiga de recibir desde Cali la versión en español del Círculo de Lectores que reposaba en la biblioteca de mi casa con el cumulo de libros identificados con stickers de colores de acuerdo a su importancia de envío, y que no pude traer en el viaje inicial. Vi la película por segunda vez, la primera fue en la cinemateca de La Tertulia en la primera y única cita a ciegas que tuve alguna vez de la que solo me quedo el recuerdo de la película de Buñuel y el nombre de mí desconocida pareja: Aura. Buñuel en su adaptación del libro quiso que su Severine de Belle de Jour jugara al final más con una historia relacionada con el sueño, con las posibilidades de una vida imaginada y no una historia tan racional como la de Kessel, la Severine de Buñuel es una mujer que sueña, una mujer que maneja sus deseos en secreto sin reconocer ninguna culpa, una Severine de carne y hueso y no una modelo de mujer arrepentida como la de Kessel. Como una anécdota queda decir que a Buñuel no le gusto del todo la novela de Kessel, le pareció un poco romántica y cursi pero con posibilidades de explotar en ella las historias que leía debajo de la trama escrita.

Finalmente la tarea quedó terminada y el libro con la portada de Catherine permanece así aún conmigo a sabiendas que hay un largo camino hasta el día en que pueda leerlo. Por ahora permanecerán conmigo las tres ediciones del libro, la española, la inglesa y la francesa y la película de Buñuel que se sumara a la otra película que protagonizara la Denueve para el mismo Buñuel en 1970: Tristana.


Catherine Denueve - Severine (Belle de Jour 1967)

La cara de Catherine, alguna vez la mujer más bella del mundo y la Marianne francesa entre 1985 hasta 1989, quedara para unos pocos, y cada vez más pocos, como la hermana menor de la Dorleac, Francoise Dorleac, una mujer menos fría y más espontanea que Catherine; como la hermana menor de la actriz que se perdió en un accidente automovilístico con solo 25 años y que fue la que llevo a la distante Catherine al mundo del cine. La cara de Catherine quedara entonces para mí como el rostro que exigió Buñuel en la cama después de atender sexualmente a un cliente en Belle de Jour, la cara con el más perverso y ambivalente gesto de satisfacción y que guarda una historia oculta omitida en la edición final de la película. O también la mujer detrás de un vidrio mojado, entre las gotas que tocan su mano y su cara de la portada que esta vez no nos mira.


domingo, 24 de julio de 2011

- Música menos (a nuestro pesar... Amy Winehouse)


Amy Winehouse en su foto escolar

We only said goodbye with words
I died a hundred times
You go back to her
And I go back to...


lunes, 18 de julio de 2011

+ Musica

Hace una semana o más tuvo lugar uno de los dos festivales de música que en mi opinión personal más esperan los habitantes de esta ciudad de 350.000 ó 400.000 personas. De jueves a domingo en el parque central de London, Ontario se presentaron grupos musicales del 7 al 10 de Julio en medio de días soleados y venta de comida y artesanías. En el Sunfest 2011, como en los años anteriores, se pudo escuchar música local e internacional con artistas de diversas culturas, países e influencias musicales; y aunque también es fácil perderse y aburrirse un poco en medio de las presentaciones, quiero resaltar dos de este año, una que vi en vivo y otra que me contaron y vi días después a través de youtube. Primero la que no vi: Kytami. Violinista que vino a esta ciudad hace un par de años cuando hacia parte del grupo Delhi2Dublin y que para tratar de definir su música en tres palabras podríamos decir fusión, alternativa y violín.

De la otra que si vi, podríamos decir que es un trio radicado en Vancouver con una vocalista nacida en Perú, en medio de una propuesta musical que va del pop, el jazz, el rock, el flamenco y un manojo de raíces electrónicas; y del cual me enteré cuando vinieron a dar un concierto a principios de año en el Aeolian Hall en medio de un invierno endiablado. Su nombre es Pacifika: canciones que mezclan el inglés y el español, canciones en francés, canciones que pueden mezclar una partida o un reencuentro en una mañana soleada con copos de nieve resistiéndose a caer…


viernes, 17 de junio de 2011

Bajofondo + Cerati: El Mareo (2007)

Los ojos de la Spacek


Sissy Spacek (Badlands, 1973)


Alguna vez, no recuerdo en que año, me dio por buscar entre un cerro de revistas “Selecciones” viejas una que correspondiera al mismo mes y año de mi nacimiento: noviembre de 1973, y al final la encontré. La empecé a mirar de forma rápida desde la primera página hasta la última, deteniéndome más en los ya anacrónicos avisos publicitarios que en los artículos en sí. Después fui a las primeras páginas y busqué en el índice el contenido y no encontré ninguno que me llamara la atención, ni que pudiera relacionarse conmigo, directa o falsa e indirectamente. En fin, de aquella Selecciones de noviembre de 1973 no recuerdo nada, ni siquiera su portada; y si me pongo a pensar en hechos que marcaron el año en que nací, así de memoria, sin googlear, me acuerdo de la muerte de tres pablos celebres en ese año: el pintor Picasso, el músico Cassals y el poeta Neruda; y también el suicidio o el asesinato del presidente Allende en la casa de la Moneda en el Chile prePinochet. Esto último justo ahora que exhumaron su cadáver para tratar de desenterrar una verdad que de todas formas será dolorosa.

Treinta y ocho años después, justo en este año 2011 Terrence Malick estrena su más reciente película: The Tree of Life, la quinta en 38 años después de su opera prima estrenada en Octubre del mismo año 1973. Cinco películas en treinta y ocho años no es mucho para una vida cinematográfica, parece no ser mucho: Badlands 1973, Days of Heaven 1978, The Thin Red Line 1998, The New World 2005 y The Tree of Life  2011. ¿Acaso 15 o 20 peliculas en ese lapso de tiempo serían suficientes? ¿o acaso una sola como The Spirit of Beehive, 1973 de Victor Erice lo es? No sé. Por ahora de 1973 me quedo con las imágenes de Badlands y quizás las no tan emblemáticas como las de Martin Sheen recogiendo basura en las polvorientas calles de Ft. Dupree con su atuendo a lo James Dean (nada que ver con el proyecto de actor y celebridad de escándalos de su hijo Charlie) o la pelirroja Sissy Spacek atravesando la calle desolada frente a su casa mientras juega con un bastón que gira con su cuerpo; sino la imagen de la Spacek entre el prado alto que se confunde y se mezcla con su pelo mientras sostiene un labial en su mano, o el pez que debido a su enfermedad ella tira en el patio de su casa presintiendo el inicio de algo que de forma irremediable terminara mal, el globo rojo elevándose en el cielo con las promesas de ambos y la casa que abandonan ardiendo con el cuerpo de su propio padre consumido en las llamas y sin la posibilidad ya de retorno.

Escribiendo esto regresé a ver de nuevo Badlands, ahora que regresa Malick y me encontré con la pantalla invadida por los enormes ojos de la Spacek mirándome, maquillados por ella misma para esconderse en el bosque, unos ojos enormes que aunque no lo eran me parecieron ojos chinos… y así han sido estos años desde aquel 1973, algo que aunque quizás no lo es, se parece a algún recuerdo, a algún largo recorrido que se inició hace 38 años y que aún por fortuna no ha encontrado su destino final: su última parada.


Martin Sheen y Sissy Spacek (Badlands, 1973)

jueves, 5 de mayo de 2011

Sábato: Noticia preliminar


Ernesto Sábato

Sábato se fue, pero dejó tres novelas que en mi opinión superan de lejos las veinte de otros escritores latinoamericanos, por no decir de escritores de otros continentes, incluidos premios Nobel. De Sábato se dicen y se van a decir, se escriben y se van a escribir muchas cosas de ahora en adelante mientras dure la noticia de su muerte; pero para mí seria y es suficiente con decir que si hubo un escritor honesto con sus historias y con el mismo fue Sábato, un escritor que nunca escribió para vender un libro o crearse una imagen de sí mismo, que nunca se creyó una imagen que es muy común de ver, la del escritor comprometido que escribe de las cosas que suceden para entrar en una moda, asistiendo a conferencias y ruedas de prensa para parecer inteligentes y tener fotos intelectuales en las solapas de sus libros; de esos que publican como si fueran dueños de una fábrica de arepas y que nos quieren hacer creer que todo lo que les publican es rescatable.

Si nos ponemos a mirar a nuestro alrededor, escritores como Sábato ya no hay, todos deben ser exitosos, faros de una generación y dueños de una verdad que a veces ni reconocemos, que escriben de cualquier cosa con la habilidad de no decir nada, o mejor que escriben muy bien sin decir nada. De esos que es muy fácil agrupar por edad o región y que terminan pareciéndose los unos a los otros. Por eso lo mejor que se puede decir de Sábato es no decir nada, tomar si se quiere la novela más corta de las tres que publicó y leerse de un tirón El Túnel (1948), o armarse de valor y devorarse así sea lentamente las 551 páginas de, para mí subjetividad, la mejor novela que se ha escrito en Latinoamérica, con el perdón de García Márquez, Vargas Llosa, Cortázar e inclusive (sintiendo cierta duda) Onetti: Sobre Héroes y Tumbas (1961).  

Sábato se ha ido, o por lo menos es lo que dicen ahora todas las publicaciones…




Parque Lezama (Buenos Aires) donde Martín conoce a Alejandra, sentado en cualquiera de estas bancas en Sobre Héroes y Tumbas.

miércoles, 27 de abril de 2011

La vida en Biutiful






La última escena de la película está envuelta en blanco, cuando dos personajes que ya han dejado este mundo finalmente se reencuentran: Uxbal (Bardem) y su padre. Un Uxbal demasiado golpeado por su enfermedad pero aún más por la vida misma se encuentra con la figura de su padre muerto joven en México muchos años atrás; esa última escena está envuelta en un blanco que pudiera ser la nieve de los pirineos, los mismos a los que Uxbal decidió no acudir en compañía de su esposa y sus hijos a conocer la nieve. En estos pirineos de la última escena, después de la muerte, finalmente Uxbal empieza a reconocer a su padre, y entonces se crea la sensación que tal vez muchos años después él pueda repetir la escena con su hijo Mateo, pues quizás no ha sido casual que este fuera castigado por su madre y dejado solo en casa en el viaje a los pirineos que finalmente emprenden solas la madre y la hija. Uxbal encuentra a su hijo solo abandonado en la cama así como él fue abandonado en la vida que le toco vivir.
Una vez que Uxbal conoce que a su vida solo le restan dos meses, empieza a ser más tolerante con Mateo, empieza así una relación que se suaviza con la idea de la muerte y la idea de un abandono que ya él vivió en su niñez y que la vida le obligara a repetir con sus propios hijos.
Uxbal corre contra el tiempo y se trata de aferrar a la vida o la idea de una vida menos dura para sus hijos cuando su ausencia sea una realidad. Pero Uxbal no se despide de Mateo, por lo cual la película nos deja con una historia padre-hijo que se repetirá con el tiempo, por lo menos para mí. Este encuentro inexistente entre Uxbal y su hijo es contrastado con el momento de su muerte y la pausada despedida que sostiene con su hija Ana de diez años mientras duermen uno al lado del otro en la misma cama y ella recibe el anillo que alguna vez fue de sus abuelos.
La vida en Biutiful es dura, representando la realidad de un hombre que se despide, en medio de sus remordimientos, sus culpas y su reticencia a aceptar lo inevitable. La vida se extingue, y aunque la música de Gustavo Santaolalla de fondo propone conservar restos de tranquilidad en un mar de desconsolación, las escenas de Iñárritu nos invitan a recordar la fragilidad de la vida, la importancia de cada minuto compartido, la futilidad del dinero cuando se acerca el final (por exceso o por carencia) y la evidencia que a veces parece oculta sobre un mar de pretendida opulencia: que todos tenemos las mismas necesidades y que en el fondo todos nos necesitamos.


martes, 5 de abril de 2011

Niemeyer, Brasilia y la longevidad en el arte




Congreso Nacional de Brasil, Brasilia

El 21 de Abril de 1960, después de tres años y medio de construcción, se inauguró la nueva capital de Brasil, una ciudad alejada de la playa y las garotas de Rio de Janeiro y ubicada al suroeste del estado de Goiás. Para este proyecto, el presidente Juscelino Kubitschek recogió propuestas que venían desde 1716 para trasladar la capital al interior del país. El 23 de Octubre de 1956 se iniciaron las obras de construcción de la ciudad que André Malraux denominó como la capital de la esperanza. Para su diseño y construcción se abrió un concurso que sería otorgado al arquitecto Lucio Costa, quien diseñaría la nueva urbe, dejando a cargo de su ex alumno, Oscar Niemeyer, la responsabilidad del diseño de los edificios públicos y a Roberto Burle Marx el diseño del paisaje.

Pero mí llegada a la historia de Brasilia y a la historia de Niemeyer no se dio por un viaje ni por el estudio formal o informal de la arquitectura, pues aunque no soy arquitecto ni puedo decir que alguna vez pensé en serlo, siempre me he sentido atraído por algunas construcciones con las que aprendí a convivir en mi ciudad y por otras que las políticas ciegas de urbanismo se empeñaron en demoler. Es a través del cine francés de Philippe de Broca y su película de 1964 titulada El Hombre de Rio que llego a Niemeyer y a Brasilia, pues aunque la trama se inicia en París, pronto la acción continua con una bella Agnés (Francoise Dorleac) llevada por la fuerza al Brasil, para ser rescatada por Adrien (Jean Paul Belmondo) recorriendo una ciudad en construcción, en medio de andamios de la que sería la nueva capital del quinto país más grande del mundo.

Niemeyer nace casi con el siglo pasado, 1907, y aún sigue vivo y respirando arquitectura a sus 104 años. Como su profesor Lucio Costa, fue promotor y seguidor de las ideas de Le Corbusier (1887- 1965) en Brasil. Actualmente es considerado uno de los arquitectos más influyentes y uno de los pioneros en el uso de la exploración del hormigón armado. Su primera obra reconocida tal vez es la Iglesia San Francisco de Assis (1943) en Belo Horizonte en el denominado Pampulha Complex. Siguiendo después con el Edificio Copan (1951) en Sao Paulo, el mayor edificio residencial del mundo, con 38 pisos de altura y 1.160 apartamentos distribuidos en la estructura de esta curiosa mole de hormigón en forma “S” que para muchos es el mejor ejemplo de la arquitectura urbana brasilera de los años cincuenta.

Ya para el periodo comprendido entre 1956 y 1960, se dedica a Brasilia, la capital que destronaría a Rio y que  buscaría concentrar los poderes ejecutivo, legislativo y judicial de un país envuelto por la orientación socialista de Kubitschek. La misma Brasilia que al mismo Niemeyer en su primera visita durante el reconocimiento del terreno le pareció ubicada en el fin del mundo, pues el traslado del cemento viajaba más de dos mil kilómetros por vía aérea en un país que estaba acostumbrado a sus anteriores capitales costeras: Salvador Bahía y Rio de Janeiro. La construcción de la ciudad, en un lapso de tres años le dio al pueblo Brasilero, en palabras de Niemeyer, la idea de que se podía lograr lo que se propusieran. Niemeyer se sintió cómodo con Brasilia pues realizó la arquitectura que más le gustaba, aquella que es libre y se relaciona con las curvas de forma emocional e inteligente. Brasilia ostenta el honor de ser la única ciudad construida durante el siglo XX reconocida por la Unesco (1987) como patrimonio cultural de la humanidad.

El eje central de Brasilia está formado sobre la idea de Lucio Costa de una ciudad en forma de cruz que apunta hacia el noroeste y que terminó en planos convertida en forma de avión, sobre la cual Niemeyer ubicó los edificios gubernamentales en lo que sería la cabina de dicho avión, rodeada de dos avenidas de ocho carriles. 
Entre los pilares que dejó Niemeyer en Brasilia se destacan el edificio del Congreso Nacional con sus torres gemelas, erigidas en medio del domo y del plato invertido; la Catedral Metropolitana de Nuestra Señora Aparecida o Catedral de Brasilia con su estructura hiperboloide construida de hormigón y su techo de vidrio que se alza hacia el cielo, el Palacio del Planalto rodeado del espejo de agua que duplica de forma eterna su imagen y que sirve de sede del Gobierno, El Museo Nacional de la Republica con su estilo minimalista y su forma esférica brotando de la superficie, el Palacio de la Alvorada donde tiene su residencia el presidente y que fue uno de los primeros edificios construidos en la capital con 7.000 mts2 ubicado sobre una península a orillas del lago Paranoá, el cual es un lago artificial con 40 kms2 de extensión, 48 metros de profundidad y cerca de 80 kms de perímetro que fue ideado para abastecer de agua a la ciudad.


Palacio del Planalto, Brasilia

Niemeyer, sigue hoy tan activo como siempre, se define como un hombre sencillo que sigue llegando a su oficina ubicada en Rio a las 9.00 am y que dibuja todos los días, su arquitectura la han definido como tecnología engarzada con naturaleza y en sus palabras Niemeyer deja ver sus convicciones: El verdadero reto para la arquitectura del futuro está planteado por la tecnología y la tecnología nunca ha sido tan generosa con la arquitectura. Pero el arquitecto tiene que ser capaz de reflexionar también sobre otras cosas además de la arquitectura. La política, la filosofía, la literatura, la música, las artes visuales, todas esas disciplinas desempeñan un papel igual de importante que la ingeniería. Los arquitectos deberían querer ser ante todo intelectuales. Quiero seguir construyendo para los seres humanos, para permitirles encontrarse con otros seres humanos. Una arquitectura que organice encuentros humanos, eso es lo que me interesa. Y para eso dibujo todos los días. 

Por ahora Niemeyer, a sus 104 años, acaba de inaugurar el pasado 28 de marzo el Centro Cultural Internacional Oscar Niemeyer ubicado en Avilés, España, a un costado del rio Avilés; y su obra que rebasa los límites de la longevidad me lleva a recordar la de otro creador, la del director portugués Manoel de Oliveira quien a sus 102 años presentó en el festival de Cannes 2010 su película número 42, El extraño caso de Angélica, demostrando que el mundo de las ideas algunas veces no reconoce el paso del tiempo. Oliveira que en sus inicios fue actor en épocas del cine mudo y que se atrevió a filmar la continuación de la inmortal película de Buñuel, Belle de Jour, (Belle Toujours, 2006) piensa como Niemeyer que la muerte es una condición absoluta, pues es la única certeza que se tiene, y que la fuerza que lo mantiene vivo son sus proyectos que nacen y se alimentan cada día y que lo invitan a levantarse cada mañana.


Oscar Niemeyer, 2011


El Extraño caso de Angélica, Manoel de Oliveira, 2010

miércoles, 30 de marzo de 2011

Segunda mirada a Jean Seberg

Jean Seberg


Después del tiempo y de los años (que no siempre son los mismos) escribe Carlos Fuentes la historia de un escritor que lo deja todo por la misma mujer que en una película de Godard decía: No se si no soy feliz porque no soy libre, o no soy libre porque no soy feliz. El escritor se enamora de ella solo al verla y escribe: Esa sonrisa me encantó. Podía repetirla, me dije a mi mismo, cuantas veces quisiera, durante siglos, sin cansarme nunca. Y así a través de las páginas vamos conociendo la visión personal que Fuentes esconde detrás del personaje de Diana Soren en Diana o  la cazadora solitaria (1994), cambiando todos los nombres al evitar nombrar el de Jean Seberg, viviendo un romance tormentoso que terminaría al poco tiempo con un final que ambos presentían y en el fondo anhelaban. La historia del escritor/Fuentes y Diana/Jean pasaría a la pantalla años después cuando Ricardo Franco en la etapa final de su vida decide filmar la película que quedaría inacabada al momento de su muerte. Lágrimas Negras (1999). Esta representa la vida de Andrés y su encuentro con Isabel, una mujer enigmática y bellamente protegida por su locura, la cual la sitúa en una playa diciéndole a él: estoy tan cansada, ya no puedo más… tú crees que yo podré ser feliz algún día?  De igual forma Andres/Franco como Isabel/Jean saben el final, y los textos de la novela de Fuentes podrían mezclarse con los diálogos de la película de Franco, pues ambos giran alrededor del mismo amor imposible y sin sentido que tuvo como eje común la mujer de la película de Godard que enamoró a  los franceses en los años sesentas, la inolvidable Seberg que como en el poema de Dickinson se preguntaba Soy nadie, quien eres tú? ¿Eres nadie también? Entonces somos dos... mientras corría a la rivera del rio en su natal Marshalltown, lejos de la fama y del destino. La misma que habla con Fuentes y se despide:

-          Me angustia la idea de las parejas que se pierden.
-          No te entiendo.
-         Sí, las parejas que pudieron ser pero que no fueron, les couples qui se ratent, ¿sabes?, que se cruzan como barcos en la noche. Eso me angustia mucho. ¿Te das cuenta de cómo ocurre eso, con qué frecuencia?
-         Todo el tiempo – le dije acariciándole la cabeza reclinada sobre mi pecho – Es lo más normal.
-          Qué felices somos, mi amor, qué afortunados…
-          Désolé, pero somos demasiado normales.
-          Désolé.









viernes, 25 de marzo de 2011

El Paraiso de la Infancia

Liv Tyler/Lucy (Stealing Beauty, 1995)


Recorriendo las cosas que ya ni existen, recuerdo haber visto en el desaparecido teatro /cine Bolívar de la Av. Sexta una película de Bertolucci titulada Belleza Robada (1995). Creo que corría el año 1997 en una época en que solía coleccionar El Magazín Dominical de El Espectador todos los domingos. En el leí un reportaje a Onetti con motivo del lanzamiento de la que sería su última novela Cuando ya no importe (1993) y algunos cuentos inéditos que me iniciaron, tardíamente creo, a su lectura. Dos cosas relacionadas con Bertolucci y con Onetti busqué después durante varios años, y la demora en conseguirlas no se debió a su dificultad, sino a mi situación particular con relación al valor de dichas cosas: la primera fue el cd de la banda sonora de la película de Bertolucci, recuerdo que en Cali fue imposible conseguirla, y debí ir dos veces a Bogotá para disponer del tiempo de ocio y verla en Tower Records a un precio inalcanzable; finalmente la compré años después en Cali cuando ya no pesaba tanto la etiqueta de “Importado”. Creo que aunque es absolutamente irrelevante, me atrevo a decir que mientras escribo esto, suena en mi itunes Glory Box de Portishead, y que de igual forma la combinación de años, estilos y voces hacen de esta banda sonora una de las dos mejores que he escuchado hasta ahora: Hoover, Axiom Funk, John Lee Hooker, Nina Simone, Cocteau Twins, Lori Carson y al final Sam Phillips enmarcan una atmosfera del verano italiano que escoge Bertolucci para encerrar un secreto, un descubrimiento y más que nada un recuerdo; el cual está atravesado por la cara angelical y devoradora de Liv Tyler y su mirada por momentos perdida e inocente. Acaso ella podría ser la Bichi, la Beatriz del cuento Bichicome de Onetti, la niña de cinco o seis años que el narrador conoce y ve crecer durante las visitas a la casa de sus padres, la que se pasea entre las conversaciones de adultos y que sin pedir permiso deja de ser una criatura para convertirse en una mujer de cabellos largos y rubios que juega entre tules violetas; la misma que se funde con la Lucy de Bertolucci para pasar su lengua frente al espejo y verse retratada y deseada y prohibida. Pudiera ser la misma que aparece en Bichicome o en mi segunda búsqueda: la novela de Onetti Cuando ya no importe, la cual finalmente compré en ese año 1997 y que contiene en su formato de diario una entrada del 20 de diciembre así: (Escribo, con toda franqueza, que me es imposible saber o inventar en qué año, a qué altura de la edad de la niña, apareció su cabecita rubia para decorar, oportuna o no, mis soledades nostálgicas enfrentado al río como si me importara. Había crecido mucho pero aún no era señorita.) Liv Tyler/ Lucy en la película, no es rubia, ni es ya una niña, es solo el recuerdo de una niña que recibía cartas de amor de un enamorado inadvertido, la misma que ahora regresa a reencontrarse para verse una vez más en su paraíso perdido y dejarse querer por los amores que alguna vez presintió. Para mi pareciera que todo se junta, Belleza Robada, Bichicome, Cuando ya no importe, la voz de Sam Phillips exigiendo amor… y es cuando juego a creer que las cartas que recibió Lucy las pudo haber escrito un Onetti maduro o derrotado que busca entre sus amores la cara de una niña que lo mire sin el pecado que imponen las batallas perdidas y los años juveniles.


Cuento de Onetti: Bichicome